Los vicios del Exceso de Demanda

Caso par­tic­u­lar el de Venezuela definit­va­mente, un país en donde hay exce­siva can­ti­dad de masa mon­e­taria, explo­sivo crec­imiento pobla­cional y explo­sivo crec­imiento en la demanda de bienes y servicios.

Parece un paraíso económico, con crec­imiento anual de 10%, un ingreso petrolero fuera de órbita y una gen­eración de efec­tivo sin prece­dentes. Sin embargo en Venezuela los ser­vi­cios son cada vez de por cal­i­dad, no se con­siguen los pro­duc­tos, la var­iedad y la com­pe­ten­cia son temas de dis­cusión sólo en aulas de clases de economía y creo que el sen­timiento gen­eral del vene­zolano cuando sale a la calle a com­prar bienes y ser­vi­cios es de molestia.

El prob­lema son los vicios del exceso de demanda, sus sín­tomas son muchos, salga Ud. a la calle en Venezuela y véa­los por si mismo: cuando no hay leche, no hay huevos, o no hay aceite, o no hay azú­car. Y olvídese de mar­cas y difer­en­cia de mar­cas y ofer­tas, eso eran otros tiempos.

Vaya a un banco, pida un ticket y note que fal­tan al menos 30 números para ser atendido.

Vaya a las com­pañías de tele­co­mu­ni­ca­ciones, vea las colas kilo­métri­cas para colo­car un reclamo o com­prar un mod­elo nuevo de móvil.

Anótese en una lista para un com­prar un automóvil, con suerte en 6 meses ten­drá un carro y como venga, olvídese de selec­cionar acce­so­rios de lujo, o GPS o nada de eso.

Solicite una tar­jeta de crédito en un Banco, ahora le exi­gen N can­ti­dad de meses con una cuenta, entre otros.

Llame al ser­vi­cio de gas y pida una bom­bona, con suerte la obten­drá en algu­nas semanas.

Com­pre cualquier arte­facto tec­nológico y páguelo a 110% de sobre­pre­cio. Con­tinue read­ing

Ya… reflexiones sobre la experiencia

Un pen­samiento que quiero com­par­tir con Uds.

Ya hice cosquil­las a mi her­mana sólo para que dejara de llo­rar, ya me quemé jugando con una vela, ya hice un globo con el chi­cle y se me pegó en toda la cara, ya hablé con el espejo, ya jugué a ser brujo.

Ya quise ser astro­nauta, vio­lin­ista, mago, cazador, y trapecista, ya me escondí atrás de la cortina y dejé olvi­da­dos los pies afuera, ya corrí por el tim­bre del telé­fono, ya estuve bajo la ducha hasta hac­erme pis.

Ya robé un beso, con­fundí los sen­timien­tos, tomé un camino errado y sigo andando en lo descono­cido. Ya raspé el fondo de la olla donde se cocina la crema, ya me corté al afeitarme muy apu­rado y lloré al escuchar deter­mi­nada música en el auto­bús. Con­tinue read­ing